El brunch llegó a nuestras vidas allá por 2002, cuando Madrid importó esta costumbre estadounidense –una apetecible variante a medio camino entre un desayuno copioso y el almuerzo– y la adoptó como propia. El pionero en ofrecerlo en la capital fue el mítico Café Oliver de la calle Almirante, quien nos reveló el concepto y consiguió en poco tiempo ponerlo de moda. Ahora, el restaurante Martinete, convertido en un referente del barrio de Salamanca, toma el testigo de este fantástico brunch, que ofrece todos los domingos, bajo una fórmula semiabierta y a precio fijo.

EL BRUNCH MÁS FAMOSO DE MADRID

El nuevo brunch de MARTINETE by Café Óliver (28 € por persona) incluye, para empezar, café, té Earl Grey, infusiones o leche con chocolate; un zumo de naranja natural recién exprimido; un surtido de bollería francesa; tostadas de pan blanco y de semillas con mantequilla y mermeladas caseras, y un yogur natural líquido.

A continuación, se elige un plato de huevos: revueltos con finas hierbas y queso, fritos con beicon o los célebres Benedict (cocinados a 63º y servidos con blinis, salmón o jamón york o aguacate y salsa holandesa). Y, por último, un plato principal entre cuatro opciones: ensalada César con pollo crujiente, ensalada de fruta de temporada, cheeseburger Óliver o NY pancakes con sirope de arce, Nutella y chantilly. El brunch se puede completar con patatas fritas caseras, guacamole o tarta de zanahoria (4 €), y con un cóctel (Bloody Mary, Virgin Mary, Mimosa o Bellini, entre 5 y 6 €) o una copa de champagne (Juve Camps o Mumm, 6 y 10 €, respectivamente). Para quien acuda a disfrutar del brunch con niños, hay una opción infantil por 18 € que incluye un plato a elegir (huevos o principal).

UNA VERSÁTIL TERRAZA EN LA MILLA DE ORO

Con dos zonas diferenciadas –una descubierta y otra acristalada–, decoradas con un cuidado mobiliario y cubiertas de vegetación, la terraza de Martinete se convierte cada temporada en un exclusivo punto de encuentro en la plaza del Marqués de Salamanca. Su carta, ecléctica y actual, se acaba de refrescar con platos ligeros perfectos para disfrutar en verano, como la crema de ajoblanco con sardina ahumada, los tomates con ventresca, la cecina sobre ensalada, la sepia a la plancha con base de hummus o el carpaccio de wagyu, que conviven en la carta con clásicos de Martinete como el steak tartar. Como postre, una riquísima quesada con yuca, que se sirve con helado de coco y un crujiente de dulce de leche.

El horario ininterrumpido de Martinete permite tomar el aperitivo, alargar la sobremesa, disfrutar del afterwork o incluso de las primeras copas de la noche con cócteles y destilados premium. Si la noche refresca, el ambiente del interior también es ideal, con unas grandes cristaleras y una decoración con aires de bistrot bohemio y neocolonial firmada por el prestigioso interiorista Lázaro Rosa-Violán.